Lo primero que notarás al subir a la cesta son los potentes quemadores situados justo encima de tu cabeza. Estas llamas, que permiten que el globo se eleve, hacen algo más que calentar el aire dentro de la vela; también calientan directamente a los pasajeros en la cesta. Esta sensación es muy similar a estar de pie junto a una gran chimenea al aire libre. En comparación con el aire gélido del suelo, el interior de la cesta se convierte en un espacio resguardado y templado, gracias al intenso calor radiante emitido por los quemadores.
Otro héroe anónimo de esta comodidad es la ausencia de la sensación térmica del viento. Normalmente, lo que nos hace sentir más frío en invierno no es solo la temperatura, sino el efecto cortante del viento. Sin embargo, dado que los globos aerostáticos se mueven en la misma dirección y a la misma velocidad que el viento, no sentirás ninguna brisa golpeando tu cara mientras vuelas. Al deslizarte a través del aire quieto, tu calor corporal no desciende rápidamente, y podemos decir con confianza que no sentirás mucho frío en el cielo.
Meteorológicamente, incluso puedes encontrarte con un fenómeno sorprendente: en las mañanas de invierno, el aire frío suele depositarse a nivel del suelo, lo que significa que las capas de aire en el cielo pueden ser en realidad más suaves que las del suelo. Por supuesto, sigue siendo importante vestirse por capas para la preparación previa al vuelo y las celebraciones posteriores al aterrizaje, pero el vuelo en sí está destinado a ser uno de tus recuerdos invernales más cálidos e inolvidables. Si deseas experimentar esta mágica atmósfera invernal por ti mismo, puedes visitar nuestra página de Reserva de Tour en Globo para asegurar tu lugar con antelación.
